domingo, 22 de julio de 2007

Prejuicio?

por qué cuando me baja la volá alterna me pongo a escribir?

Llegó a la estación a las nueve de la mañana, pensando que era tarde. Se dio cuenta de lo temprano que era cuando miró el lugar y no estaba la persona a la que él esperaba.
Se sentó a esperar. Pasaban los minutos, lentamente, como si algo quisiera alejarlo de su amada. Miró su reloj. Había llegado hace quince minutos, los quince minutos más largos de su vida.
Pasaron cuarenta minutos. Miró a lo largo de la estación esperando verla, y se asombró al ver que venía corriendo, con el viento revolviéndole el cabello y levantando sus faldas. A pesar del frío y lo incómoda que se veía arreglando lo que el viento desordenaba, estaba feliz, más feliz de lo que había estado en toda su vida.
Se levantó de su asiento y fue a recibirla con la misma cara de felicidad que tenía ella. Se encontraron. Se abrazaron como si fuera la última vez que podrían hacerlo y se miraron como si fuera la primera vez que lo hacían. Él le tomó la mano y le sonrió. Ella le devolvió la sonrisa. Lo único que querían era irse luego de esa puta ciudad que les traía tantos problemas. Sólo querían poder amarse tranquilos, que no los discriminaran.
A veces sus problemas no los dejaban pensar, pero con mucho esfuerzo lograron crear ese plan y ahora lo ponían en marcha. Se escaparían, los dos solos, sin nadie que estuviera diciéndoles que hacer y mirándolos en menos, como si no valieran tanto más que la otra gente. Él creía que ella valía mucho más que cualquier moneda, persona, animal o cosa, y ella, a su vez, creía lo mismo de él. Por fin vencerían el prejuicio y se amarían igual que cualquier pareja. No estarían sometidos a la rutina, harían lo que quisieran, cuando quisieran. No habría normas, no existirían las personas malas, no existiría la guerra, ni tampoco las armas. Una utopía.
Qué felices se sintieron al escuchar el sonido del tren. Se iban para siempre. Adiós!.
Para él, la sensación de despertar en ese hospital oscuro, lleno de enfermeras y pacientes gritando, fue horrible. Le costaba más que de costumbre asimilar que todo había sido un sueño. Volvió a su triste realidad de enfermo mental, sin su amada, sin esos días que prometían ser tan felices. Aunque, al mirar a la cama vecina, se dio cuenta de que la persona que estaba allí era ella, que era real. Aunque ella también tenía graves problemas mentales, se podían amar libremente, olvidando prejuicios y viviendo en su propio mundo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

elosua...
nunca había leído nada tuyo
y estoy gratamente sorprendida
me gusto mucho
exceptuando algunos detalles que parecían toscos dentro de una explicación tan suave.

cuídate niña
y sigue escribiendo, no solo lo hacen los alternos...

Gitano dijo...

A pesar de lo que dijo la Zyanya, he de decir:

Elo Alterna. Y gay.

Pero simpaticón tu cuento alterno.gay, me gustó gustó.

Saludos!

Paula! dijo...

q yo no habia visto esto?

Paula! dijo...

era xq! no q! letra equis nerd eeeh yo ya habia leido eso antes :) te amosol

Anónimo dijo...

elosua wn
nunca mas volviste a escribir
me cargay ¬¬
te kiero